Novedades, souvenirs, artículos de coña

Hoy os dejo el prólogo del libro "Novedades, souvenirs, artículos de coña" de Rober Bodegas escrito por Ángel


Prólogo de Ángel Martín
Una mañana de septiembre de 2009, Rober Bodegas se acercó a mí, me preguntó si podía subir a la cafetería con él y salió del despacho sin darme tiempo a contestar.
Siempre he desconfiado de Rober por su forma de vestir pero la cafetería de una oficina en hora punta me parecía un lugar seguro.
Sólo tenía que estar alerta y sobretodo no perder de vista sus manos.
De pequeño crecí en un barrio donde cuando alguien se llevaba las manos a los bolsillos era para sacar un pincho y no perder de vista las manos de la gente me ha mantenido a salvo todos estos años.
El camino a la cafetería lo hicimos en silencio.
Bodegas no es un tío muy hablador.
La mayoría de asesinos en serie son como él.
Discretos.
Al llegar a la cafetería, Rober se acercó a la barra y pidió dos cafés.
En ese momento llevé mis manos al bolsillo trasero del pantalón con intención de sacar la cartera y antes de llegar allí noté su mano en mi brazo al tiempo que decía:
“Yo invito”.
En ese momento sentí cómo se me helaba la sangre y una gota de sudor caía por mi frente.
Bodegas era un asesino implacable.
Si decidía matarme… me mataría sin que yo pudiera reaccionar.
Bodegas cogió los cafés y se sentó en una mesa cerca de la terraza.
Yo me acerqué lentamente y me senté sin perder de vista sus ojos.
Unos ojos que estaban concentrados en el movimiento circular de la cucharilla de su café.
Segundos después, Bodegas dio un sorbo a su bebida, levantó la mirada, me miró fijamente y con voz temblorosa dijo:
“Voy a publicar un libro y me haría ilusión que escribieras el prólogo. Si no puedes no te preocupes. Lo entiendo. Supongo que estás muy ocupado”.
Inmediatamente después, volvió a concentrar su mirada en la cucharilla de su café y en ese momento me di cuenta de la verdad.
Bodegas no era peligroso.
Era un simple mortal tímido como la mayoría de los cómicos.
En realidad esa manera de vestir no era más que una incapacidad natural de no saber combinar los colores.
Su silencio era simplemente una manera de asegurarse de que no la iba a cagar por soltar un comentario inapropiado en el momento inoportuno.
Su mirada baja era sencillamente porque es un asqueroso cobarde.
En una décima de segundo, pasé de sentir miedo a sentir lástima por ese ser.
Así que con toda la ternura le dije:
“Claro que sí, cobarde de mierda”.
Una semana después recibí el libro y al leerlo sentí cómo se me helaba la sangre y una gota de sudor caía por mi frente.
Bodegas no era un asesino implacable pero sí un cómico implacable.
El muy bastardo podía hacerte reír sin que te dieras cuenta.
Tenía que escribir un prólogo para un libro de humor perfecto.
Así que decidí que no escribiría nada hasta estar preparado.
Desgraciadamente ha llegado el día de entregar el prólogo y no lo estoy, así que…
Espero que os guste este sol que he dibujado yo.

1 comentarios:

ele

Es buenísimo esto.
Parece que se esté describiendo a sí mismo. Me pregunto si era su intención.
Amo a ese sol desde el primer momento en que lo vi.

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PÁGINAS ÁNGEL MARTÍN

 
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