No hay más remedio (8º artículo)

No sé vosotros, pero yo, cuando suena el teléfono a las ocho de la mañana, me preocupo y tengo que levantarme a cogerlo. Y os aseguro que hay pocas cosas que me jodan tanto como levantarme corriendo a las ocho de la mañana porque el teléfono está sonando sabiendo que al descolgar escucharé cómo alguien, con un tono falsamente amable, me dice: "¿Es usted el titular de la línea?". Os juro que la mayoría de las veces me quedo con ganas de decirle: "Sí, soy yo el titular de la línea y tú el hijo de put* que me ha despertado. Ahora que ya nos conocemos... ¿qué es lo que quieres?". Pero mi defecto es que siempre acabo dando una oportunidad a alguien que me llama a las ocho de la mañana porque sigo pensando que tiene que ser algo importante.

Pero ya he descubierto que cuando alguien te llama a las ocho de la mañana para ofrecerte algo es porque lo que te ofrece es una verdadera mierda. Por eso tiene que llamarte pronto: para pillarte dormido. A las ocho de la mañana todos somos vulnerables. El cerebro aún está desconectado. El cerebro a esa hora está tan desconectado que el sonido del teléfono lo ha incluido en tu sueño. En serio. Tú estás soñando que eres un domador de leones y de pronto los leones, en lugar de rugir, suenan como teléfonos. ¿Por qué? Porque el cerebro introduce todos los sonidos que le vienen de fuera del sueño... en el sueño.

Por cierto, ¿qué clase de mecanismo de defensa es ése? Quiero decir: he leído que hay unos bichos que, aunque estén dormidos, son capaces de notar cualquier vibración que haya en el suelo a su alrededor, por pequeña que sea, y eso hace que se despierten. Otros bichos son capaces de detectar el olor de otros animales y eso les hace despertar de golpe. Sin embargo, si un tío está dormido y escucha disparos, el cerebro los incorpora al sueño en plan: "Sigue durmiendo". "Pero eso eran disparos, ¿no?". "¡No! Eso eran... cubitos de hielo cayendo en tu vaso. Sigue durmiendo".

A veces pienso que, a pesar de todo, el ser humano es uno de los bichos más idiotas que existen. Y eso que dicen que sólo usamos una cuarta parte del cerebro. Hay gente que dice que, si usáramos todo el cerebro, seríamos increíblemente inteligentes. Pues yo creo que también existe la posibilidad de que, si usamos todo el cerebro, pasemos a ser completamente idiotas.

Piensa cuántas veces has tenido contigo mismo una conversación, poco antes de salir para ir a trabajar, más o menos así: "¡mierda! ¿Dónde están mis gafas? ¿Dónde las he puesto? Buff... ¿Dónde están las gafas? ¡mierda, mierda! Además, eran un regalo. Buff... Ahora voy a tener que ir a una óptica y van a tardar por lo menos dos semanas en preparármelas. No, no, no... A ver... No pueden estar muy lejos. Ángel, tranquilo, haz memoria. Voy a intentar repasar todo lo que he hecho desde que me he levantado. (Se toca la nariz). ¡Ah! Las llevo puestas. Menos mal".

Sinceramente, prefiero que sigamos utilizando sólo una cuarta parte del cerebro y quedarme con la duda de si la parte que nos falta por utilizar es para mejorarnos o empeorarnos. Yo soy de la opinión de que los perros llevan siglos viviendo estupendamente y nunca se han preocupado de si ven en dos o tres dimensiones. A los perros les da igual. Saben que tienen tiempo de vida limitado y lo disfrutan. A ellos, mientras los saquen tres veces al día... De hecho, es increíble la cantidad de años que llevan muriendo atropellados y siguen sin buscar sistemas que eviten eso. ¿Por qué? Porque saben que nosotros buscaremos sistemas de seguridad. Frenos ABS, sistemas de control de conducción... Así que mientras nosotros buscamos maneras de evitar atropellarlos, ellos siguen disfrutando de sus limitaciones cerebrales. Y lo más importante: los perros pueden cagarse donde quieran porque siempre habrá un ser que presume de ser el animal más inteligente del planeta dispuesto a recoger su mierda.

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PÁGINAS ÁNGEL MARTÍN

 
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